¿Qué es la Política Criminal, conceptualización y desarrollo histórico, hasta llegar a las primeras manifestaciones costarricenses?
Política criminal
La política criminal se refiere al conjunto de estrategias, medidas y acciones implementadas por el Estado para prevenir, controlar y sancionar la criminalidad. Su objetivo es proteger el orden social, garantizar la seguridad ciudadana y mantener el respeto a los derechos fundamentales. La política criminal involucra no solo la creación de leyes penales y la administración de justicia, sino también un enfoque multidisciplinario que incluye medidas preventivas y rehabilitadoras, buscando la reintegración social de los delincuentes. "Encuentra su justificación en la expresión de un poder político democráticamente constituido, objeto de la criminalidad convencional y no convencional" (Sibaja, 2018).
LinkDesarrollo histórico de la Política Criminal
Orígenes en el pensamiento clásico
El concepto de política criminal tiene raíces en la Ilustración del siglo XVIII, cuando filósofos como Cesare Beccaria y Jeremy Bentham empezaron a cuestionar el sistema penal de su tiempo, caracterizado por penas desproporcionadas, tortura y ejecuciones públicas. Beccaria, en su obra "De los delitos y las penas", abogó por un sistema penal más justo, donde las penas fueran proporcionales al delito cometido y la prevención tuviera un lugar central.
Bentham, por su parte, desarrolló la teoría del utilitarismo, que proponía que las leyes penales debían maximizar el bienestar social, lo que significaba no solo castigar, sino también prevenir y rehabilitar. Estos pensadores influyeron profundamente en el desarrollo de las políticas criminales modernas, que pasaron de ser represivas y violentas a ser más racionales y humanas.
Surgimiento del positivismo criminológico
Con el avance del positivismo en la política criminal comenzó a centrarse en las causas del delito y en el estudio del comportamiento del delincuente. Cesare Lombroso, considerado el padre de la criminología moderna, defendió la idea de que algunos individuos nacían predispuestos al crimen por causas biológicas, y estas teorías llevaron al desarrollo de políticas criminales que diferenciaban a los delincuentes según su peligrosidad y culpabilidad. Este enfoque introdujo la necesidad de medidas de rehabilitación para ciertos tipos de delincuentes y fue el origen de sistemas penales más diversificados.
Enfoques sociológicos y los derechos humanos
Las teorías sociológicas y los derechos humanos comenzaron a tener una mayor influencia en la política criminal. Criminólogos como Émile Durkheim y Robert Merton destacaron que el delito no era únicamente un producto de factores individuales, sino que también reflejaba fallas estructurales en la sociedad, como la desigualdad y la exclusión social. Estas teorías llevaron a un enfoque más preventivo en las políticas criminales, enfocadas en mejorar las condiciones sociales y reducir las causas del crimen.
Después de la Segunda Guerra Mundial, con la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), la política criminal de los Estados democráticos comenzó a priorizar la rehabilitación y el respeto a los derechos humanos de los delincuentes. Se reforzó la idea de que el castigo debía tener límites y que era fundamental reinsertar al delincuente en la sociedad, en lugar de aislarlo permanentemente.
Política criminal moderna
En las últimas décadas, la política criminal ha seguido evolucionando hacia enfoques más integrales y humanistas. La criminología crítica ha señalado que las políticas criminales tradicionales, enfocadas en la represión, tienden a reproducir la desigualdad social. Por su parte, el enfoque preventivo, combinado con el uso de tecnologías avanzadas y análisis de datos, ha ganado terreno, permitiendo diseñar intervenciones más precisas para prevenir el delito antes de que ocurra.
En las sociedades contemporáneas, la política criminal busca equilibrar la seguridad con la protección de los derechos humanos, con énfasis en políticas de justicia restaurativa, reinserción social y prevención comunitaria.
Primeras manifestaciones de la Política Criminal en Costa Rica
En Costa Rica, la política criminal ha seguido un camino paralelo al de otras sociedades occidentales, aunque adaptada a su contexto específico.
Durante la época colonial, Costa Rica adoptó las leyes españolas basadas en el derecho penal castellano. El enfoque represivo y las penas severas eran características predominantes en el tratamiento de los delitos. Los castigos incluían la pena de muerte, flagelaciones y otras formas de castigo corporal.
Tras la independencia en 1821, Costa Rica comenzó a desarrollar su propio sistema legal. La promulgación del Código Penal de 1841 marcó un hito importante, pues introdujo reformas que reflejaban ideas liberales de justicia y proporcionalidad en las penas. Sin embargo, el enfoque seguía siendo predominantemente represivo, con poco énfasis en la rehabilitación de los delincuentes.
El siglo XX trajo consigo una mayor institucionalización de la política criminal. En 1924 se promulgó un nuevo Código Penal, que modernizó las leyes penales costarricenses, reflejando la influencia de las teorías criminológicas europeas y latinoamericanas. A mediados de siglo, con la creación de la Corte Suprema de Justicia y la consolidación del Estado de Derecho, Costa Rica comenzó a adoptar un enfoque más equilibrado entre represión, prevención y rehabilitación.
En las últimas décadas, Costa Rica ha reforzado su política criminal en línea con los principios de derechos humanos, incluyendo programas de rehabilitación y reinserción social para los delincuentes. El país ha mantenido una postura progresista, aboliendo la pena de muerte en 1877 y siendo uno de los primeros países en América Latina en enfocarse en una política criminal centrada en la prevención y el respeto a los derechos humanos.
Loria, M & Salazar, K. (2015). Políticas de prevención
de la violencia juvenil en Costa Rica Buenas prácticas y propuestas para
mejorar la gestión desde el territorio.
Sibaja López, I. (2018). LA POLÍTICA CRIMINAL Y EL DAÑO
SOCIAL EN COSTA RICA.

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